pobre Tener millones de coronas en la cuenta es malo. ¿Y sabes por qué? Porque una gran cantidad de dinero cambia por completo a una persona. Y no solo a ella, sino también a todo su entorno. Los ricos pueden darse todos los lujos que desean sin límites, se mueven en la alta sociedad y sus amigos les comen de la mano. Aunque es un sueño maravilloso rebosar de dinero, hay algunas cosas que, por el contrario, les faltan a los ricos y que los pobres tienen. No me refiero a las personas sin hogar o en bancarrota, sino a aquellos cuya cuenta bancaria se sitúa en valores medios. Estas son cinco razones por las que no ser un ricachón.

· Las relaciones
Con una cartera bien llena, nunca estarás seguro de si las personas que te rodean son tus verdaderos amigos o si solo se relacionan contigo por tu dinero. Nunca sabrás si tienes a tu lado a una pareja que te quiere de verdad o que solo quiere tu cartera y tus tarjetas.
· Popularidad
En sociedad, las personas normales nunca se comportarán de forma superior y altiva. A la gente le caen bien estas personas porque no se dan aires de grandeza y se identifican con ellas. En presencia de ricos y pobres, el grupo se divide en dos bandos: los pobres y los poderosos.

· Trabajo duro Mientras
que los mortales comunes ahorran con esfuerzo durante todo el año para sus vacaciones, los poderosos pueden decidir de repente irse a la isla más lujosa y nada les lo impedirá. Pueden darse un capricho y comprarse lo que quieran, cuando quieran. Sí, esto puede parecer una ventaja para estas personas, pero nada compensa la sensación de haber ahorrado para tus vacaciones y de haberte esforzado.
· El parasitismo
Cuando no tienes riqueza ni poder, nadie puede parasitarte ni aprovecharse descaradamente de tu hospitalidad. Nadie se enemista contigo solo por tus ropas y, definitivamente, nadie espera tu muerte para poder quedarse con todo para sí mismo. Un ejemplo paradigmático de esta situación son las personas mayores cuya fortuna es inmensa y que tienen a su lado a jóvenes y hermosas acompañantes, o incluso esposas, que se casaron con estos ancianos con la vista puesta en el dinero y ahora solo esperan a que exhalen su último aliento.

· Grandes problemas
Ser ricachón hasta el punto de resultar repugnante no es tan maravilloso como parece a primera vista. Una gran cantidad de billetes conlleva una gran responsabilidad, como por ejemplo, impuestos más elevados. Además, en las declaraciones de impuestos es fácil pasar algo por alto y, en consecuencia, te metes en un lío y tienes que dar muchas explicaciones. Tener un buen control de tus finanzas es difícil, por eso cuentas con tu contable para que supervise esta tarea. Por desgracia, también ocurre que precisamente estas personas se aprovechan de su posición y te van estafando poco a poco sin que te des cuenta.
